El post de Xete, ‘Añorando la magia’, me hizo recordar una cosa que venía un poco a colación. Una inquietud que tenía arrinconada en ese lugar de la mente donde se amontonan y esperan las grandes y las pequeñas ideas cuando desgraciadamente no hay tiempo para desarrollarlas. Un rincón inquieto y sibilino donde las ideas, ansiosas, esperan su jodida oportunidad para salir. Y también sentí que quería transmitir esa inquietud, de la que a veces siento que soy el único partícipe. En fin, que no entiendo por qué carajo buscamos tan desesperadamente fantasmas y el mundo de lo que vienen llamando paranormal (bueno, sí lo entiendo… pero eso es tema de otro lugar… xD). No entiendo por qué buscamos fantasmas porque realmente existe algo mucho más fantasmagórico y real… y no me refiero a Jiménez Losantos o a Aida Niza. Qué va!… me refiero, por supuesto a lo inverosímil e inquietante de lo que alberga el interior de un agujero negro.

En un mundo donde (casi) todo se conoce (desde que hay videocámaras no ha vuelto a haber apariciones marianas… xD)… Hasta el último detalle de los fondos marinos tendremos pronto en el Google Earth. Incluso podemos ya aplicar cirugía a neonatos para salvarles la vida: podemos curar al hombre incluso antes de que sea hombre. Podemos traer de la muerte u hollar la luna. Pero toda esa capacidad se torna nula a la hora de abordar lo que ocurre realmente dentro de un agujero negro. O al menos en cómo entenderlo sin descuidar nuestra frágil cordura.
Se puede teorizar sobre lo que hay dentro de un agujero negro, pero INTERPRETARLO escapa a las inteligencias más aventajadas, a los cerebros más brillantes, a las mentes más osadas, a las más privilegiadas cabezas…
Hay teorías. Hay especulaciones. Pero nadie pondría la mano en el fuego sobre cómo interpretar lo que IMPLICA el interior de un agujero negro. Se nos escapa algo gordo del universo, señores. De la Creación. Algo que está mucho más cerca y es más asequible que dios, pero de lo que nos preocupamos mucho menos. No os parece sobrecogedor?…